Pompeia eterna bajo el Vesubio

POMPEIA ETERNA BAJO EL VESUBIO

Vbi dies redditus (…), corpus inuentum integru,

inlaesum opertumque ut fuerat indutus:

habitus corporis quiescenti quam defuncto similior

Llegó el fuego y cubrió aquel cuerpo que dormía. A otros los envolvió sin remedio mientras paseaban. La ropa íntima de los durmientes estaba en un estado casi perfecto cuando la encontraron los arqueólogos. Estos, sorprendidos, no repararon de inmediato en aquel que señalaba con el índice imperturbable el camino hacia el embarcadero. El fin hacia miles de años que le había pasado por encima y fue razón más que suficiente para no dejar notas a aquellos extranjeros llegados del futuro. Antes pasarían también los siglos por encima, y el hijo monoteísta de un dios y sus barbas… Era Pompeia. El sueño de los justos tomó por siempre la ciudad, y para el poeta harían falta 1700 años de cenizas y la prometeica mirada del Vesubio para desvelar y rememorar su historia.

 

  Era Pompeia (ediciones Vitruvio 2012) es un poemario sólido que hace patente la antigua relación entre Música y Poesía, una relación vital y que, en este caso, prescinde hábilmente de rimas y signos de puntuación, sin otra guía para el lector que la organización de las estrofas y los silencios, la elección de la palabra precisa, la combinación fonética apropiada que cuida en todo momento el sentido del texto. La música del poema va más allá de lo que ha dictado la tradición y las camarillas de la métrica del verso, y Federico J. Silva domina ese arte de la música. El poeta, además, demuestra un personalísimo gusto por el juego, casi siempre extremo, de la extrañeza y la provocación, de la ironía con la palabra y sus creaciones. Estamos ante un poemario sobrio en la estructura de los versos, si lo comparamos con otras obras del poeta donde el grado de experimentación formal es mayor. La sobriedad de Era pompeia se la exige, entre otros, la trama de lo relatado, la ficción que se despliega y en la que aparecen retazos de la vida que devoraría el volcán. Y así es que van y vienen sus personajes célebres, las sombras de aquellos ciudadanos tan iguales a nosotros, tan humanos y en cuyos perfiles se sumerge el poeta y sus divagaciones, su lengua que más que ocultar la ciudad la muestra, acercándola a nosotros como si pretendiera esconder un amor y el reflejo de este tiempo, de todo lo que no cambia y permanece igual, aunque distinto.

Federico J. Silva es poeta de voz original, propia, definida, sin sospechas de artificio ni cáscaras huecas, y los versos nos llegan plenos de motivos en el quicio de las líneas donde son leídos. No hay concesiones al lector y se le exige tanto como el autor se exige a sí mismo. A los pies de su obra escrita hasta ahora puede verse una sombra clara, perfilada, independiente de la luz que lo ilumine. Con los planteamientos literarios de Federico J. Silva se puede estar o no de acuerdo —el no uso de la puntuación, el vértigo del léxico, el abrumador despliegue de historia y referencias externas al papel, al poema—, pero aún no hemos encontrado argumentos que tumben por méritos propios una apuesta poética rotunda y con personalidad propia. Era Pompeia es un buen ejemplo de tales planteamientos, aunque quizás no el más provocador, de ahí que recomendamos la lectura de anteriores títulos del autor.

En esta nueva edición, Era pompeia nos parece una obra completa, íntegra, equilibrada incluso con aquellas partes más flojas, esas costuras que, en toda obra, compensan a su contrario. Y es que a Pompeia se puede llegar por caminos diversos y, en este caso, es un viaje por mar acompañado de citas repartidas sobre el velamen de la nave. Las citas que abundan en el libro nos distraen de la lectura, pero sospechamos que cada una ocupa un lugar preciso muy alejado del circo que, habitualmente, suele reservar el ego del escritor para las citas. Es así que aceptamos su validez dentro de un conjunto que evoca desde el principio:

todos los caminos conducen a ti

quedo en el oído te zureo

dos lagos de lava

ajenos a todo desbordándose

en los labios del cráter

y el magma viscoso

que asoma por las grietas

extintos hieráticos déjanos

gozados

en un paroxismo de cenizas

antes del mortal letargo

con calles y manzanas enteras de la ciudad que nos recuerdan a las primeras lecturas de J. Silva

emperador

o carne de mármol para la rapiña de los siglos

ciudad con ocho puertas mala es de guardar

amo tu libertad de criterio

y ningún recelo encontrarás en mí

sólo amaré a mi igual y mi semejante

una mujer que me perturbe

donde tú lunnia yo lunnio

El poeta, como viajero del tiempo, pone pie dentro del mito:

para ti este legajo escribo

que los gramáticos y los dioses

su estilo perdonen a este loco

y su estro inflamado

(…)

para no lamer mis versos y los extraños

para que no sean envoltorio de pescado

en la calle de los libreros

sólo para que estas bagatelas sin escandir

del aceite de cedro sean merecedoras

y dignas de tu biblioteca

Junto con las citas, pero por motivos diferentes, los Graffiti de Era Pompeia nos parece la parte más débil del libro. Si bien entendemos que estas pequeñas construcciones poéticas, pueden enmarcarse dentro de la historia que nos cuenta el poeta, de manera que el lector puede imaginárselo leyendo los graffiti sobre alguno de los muros de Pompeia, pensando en su amada, mientras escudriña la realidad con esa ironía que también trabaja, y con acierto, J. Silva:

si fuese certeza que con palos

se aprende en la vida

habría de ser

la guardia la más versada

[…]

los que advierten que del ojo

depende con que se

mira tienen el ojo

sucio relativamente

Aún con todo, preferimos en Era Pompiea al poeta de poema largo, aunque podamos encontrar una excepción en “El puesto de Mensia”, porque, al igual que en el poema XXII, el clímax se estira hasta un extremo que, creemos, rompe el disfrute de la lectura.

Desacuerdos poéticos en mano, la integridad, el fondo y la coherencia, el compromiso literario de Federico J. Silva queda patente en este libro, y nada cómodamente, y sin contaminarse, entre los mares de un panorama nacional obeso de amiguismos y mediocridad.

2012 d.C. 15 de agosto, Pompeia imaginada

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